| Sociedad Boliviana de Pediatría |
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COMUNICACION ESPECIAL El uso de antibióticos para prevenir la mortalidad infantíl* The use of antibiotics to prevent child mortality Dr.: Yehuda Benguigui**
RESUMEN Los antibióticos son fundamentales para el tratamiento de un gran número de enfermedades infecciosas y pueden prevenir su gravedad e interrumpir un probable desenlace fatal. Desde su introducción, estos medicamentos han permitido salvar innumerables vidas en todo el mundo, con lo que han contribuido a modificar la tendencia de las tasas de morbilidad grave y mortalidad. El uso de antibióticos para el tratamiento de los niños es aún más importante ya que durante los primeros años de vida se presentan muchas enfermedades infecciosas. Por su elevada incidencia, tanto las infecciones respiratorias agudas (IRA) como la diarrea se encuentran entre las principales enfermedades infecciosas, pero se distinguen en que esta última puede prevenirse fácilmente con medidas básicas de saneamiento e higiene y su tratamiento solo a veces requiere antibióticos (para el tratamiento de la diarrea con sangre, atribuida a Shigella). Los antibióticos también son esenciales para prevenir la gravedad y la mortalidad por neumonía, que es la causa de más de 80% de todas las defunciones por IRA de niños menores de 5 años de edad en muchos países en desarrollo. Por otro parte, con gran frecuencia los antibióticos se utilizan en forma innecesaria e inadecuada, lo que conlleva, entre otros problemas, el incremento de la resistencia bacteriana a los mismos. La resistencia bacteriana ha llevada a modificar los criterios de tratamiento y ha generado la necesidad de invertir constantemente en conocimientos y tecnología para crear nuevos fármacos para vencerla. La estrategia de Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia (AIEPI), de la OPS/OMS y UNICEF, propuesta como forma de abordaje de la atención de los niños que consultan los servicios de salud del primer nivel, está destinada a prevenir y controlar las enfermedades más frecuentes de ese grupo de población, entre las que las infecciones ocupan un lugar destacado. La estrategia contempla racionalizar la prescripción y mejorar el uso de los antibióticos, tanto por parte del personal de salud como de la comunidad. Mediante su aplicación en todos los países se espera mejorar el uso de los antibióticos en la prevención de la morbilidad grave y la mortalidad, y contribuir a la reducción de la mortalidad infantil en la mayoría de los países en desarrollo.
Rev. Soc. Bol. Ped. 2000; 39 (2): 68 -77: AIEPI, Mortalidad Infantil, antibióticos
ABSTRACT Antibiotics are fundamental for the treatment of a large number of infectious diseases, and can prevent their severity and interrupt a probable fatal outcome. From its introduction, these drugs have made it possible to save countless lives throughout the world, and helped to modify morbidity and mortality rates. The use of antibiotics for the treatment of the children is even more important, since during the first years of life many infectious diseases occur. By its high incidence, both acute respiratory infections (ARI) and diarrhea are among principal infectious diseases, but are distinguished in that this last can be prevented easily with basic measures of sanitation and hygiene and only sometimes, the treatment requires antibiotics (for the treatment of diarrhea with blood, attributed to Shigella). Antibiotics are also essential to prevent the severity and mortality from pneumonia, that is the cause of more than 80% of all deaths from ARI of children under five in many developing countries. On the other hand, with great frequency antibiotics are utilized unnecessarily and inadequately, which involves, among other problems, the increase in the bacterial resistance. The bacterial resistance has led to modify the criteria for treatment and has generated the need for investing continually in knowledge and technology in order to create new drugs in order to overcome it. The strategy of 'Integrated Management of Childhood Illness' (IMCI), of PAHO/WHO and UNICEF, is a way to addressing health care of the children who consult the health services of the first level, it is designed to prevent and control the most frequent illnesses of that population group, among which the infections have an significant place. The strategy includes the rationalization of the prescription and to improve the use of antibiotics, both by the health workers and of the community. Through its application in all the countries it is hoped to improve the use of antibiotics in the prevention of serious morbidity and mortality, and contribute to the reduction of infant mortality in the majority of the developing countries. Rev. Soc. Bol. Ped. 2000; 39 (2): 68-77: IMCI, Child Mortality, antibiotic therapy * Trabajo presentado en la Conferencia Panamericana sobre Resistencia Antimicrobiana en las Américas. Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud, Caraballeda, Venezuela, 2 al 4 de noviembre de 1998. ** Asesor Regional, Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia (AIEPI), Programa de Enfermedades Transmisibles, División de Prevención y Control de Enfermedades, Organización Panamericana de la Salud, Washington, DC E.U.A. *** Organización Panamericana de la Salud. Manual de tratamiento de la diarrea. Serie PALTEX para Ejecutores de Programas de Salud, No. 13; 1997. **** Organización Panamericana de la Salud. Atención del niño con infección respiratoria aguda. Serie PALTEX para Técnicos Medios y Auxiliares, No. 21; 1992 INTRODUCCION Alrededor de 500.000 niños menores de 5 años de edad mueren en la Región de las Américas anualmente. La mitad de estas muertes se debe a un conjunto de enfermedades que incluye las infecciones respiratorias agudas (IRA), especialmente la neumonía, y las enfermedades diarreicas. Para ambos problemas se dispone actualmente de medidas de prevención y control, como la administración oportuna y adecuada de un antibiótico, especialmente para el tratamiento de la neumonía. El uso de antibióticos para el tratamiento de enfermedades ha contribuido a reducir la morbilidad grave y la mortalidad en la infancia. Lamentablemente, este beneficio no ha estado al alcance de muchos niños que lo requieren en la mayoría de los países en desarrollo. La falta de acceso a los servicios o al personal de salud, la carencia frecuente de estos medicamentos y su uso inadecuado son factores, que en forma individual o combinada, han limitado el impacto de los antibióticos en la morbilidad grave y la mortalidad en la infancia. Las infecciones respiratorias agudas son las causas principales de mortalidad de los niños menores de 5 años de edad; entre ellas, la neumonía causa más de 80% de las defunciones y puede ser tratada con antibióticos. No obstante, la falta de acceso oportuno a un antibiótico afecta a gran parte de la población e impide que los niños se beneficien de estos medicamentos. El uso inadecuado de antibióticos para el tratamiento de las enfermedades de los niños disminuye la disponibilidad de medicamentos para los casos que efectivamente los requieren. Además, contribuye a incrementar la resistencia bacteriana a esos fármacos y aumenta innecesariamente los costos de atención, tanto para los servicios de salud como para la familia del niño afectado. En estas circunstancias, la vigilancia de la resistencia de las bacterias a los antibióticos adquiere doble importancia. Por un lado, permite valorar en forma continua el efecto del uso inadecuado y excesivo de los antibióticos, como la disminución de su eficacia, y determinar las necesidades de investigación y producción de nuevas drogas. Por otro lado, los resultados de la vigilancia sirven para emitir recomendaciones sobre las prácticas de prescripción y utilización de los antibióticos, de manera que garanticen su efectividad en el tratamiento de las enfermedades infantiles. La utilización de los resultados de la vigilancia para mejorar las prácticas de prescripción y utilización de los antibióticos, a su vez, es esencial para reducir la mortalidad de los menores de 5 años de edad asociada a la persistencia de muchas enfermedades infecciosas. Magnitud y características de la mortalidad por algunas enfermedades prevalentes de la infancia en la región de las Américas En esta Región, aproximadamente 40% (de un total de 500.000) de las muertes de niños menores de 5 años de edad se debe a un conjunto de enfermedades para las cuales se dispone de medidas de prevención, diagnóstico precoz y tratamiento. Las infecciones respiratorias (IRA) y la diarrea son la causa de la mayoría de esas muertes y representan en la actualidad 27% de las defunciones anuales de niños de esta edad (1, 2). Otras enfermedades infecciosas, como la malaria y las enfermedades prevenibles por vacunación, ocasionan cerca de 4% de las defunciones infantiles, al igual que la septicemia y la meningitis. Gran parte de estas muertes se relaciona con la desnutrición, factor de riesgo de importancia máxima, y que afecta gravemente la capacidad de respuesta del organismo del niño a las enfermedades y empeora el pronóstico y evolución de su cuadro clínico. La distribución de estas muertes, sin embargo, no es similar; el análisis de la situación en cada país muestra grandes contrastes. Mientras en algunos países este conjunto de enfermedades es responsable de menos de 5% de las muertes de niños menores de 1 año de edad, en otros, su peso es 10 veces más alto, y una de cada 2 defunciones en este grupo se debe a alguna de estas causas. Las diferencias observadas en el peso de la mortalidad por estas causas entre los niños de 1 a 4 años es aún mayor: mientras en algunos países de la Región la proporción de defunciones debidas a infecciones respiratorias agudas y diarrea es de 8%, en otros alcanza entre 60% y 70%. En ambos grupos de edad la mortalidad por IRA y diarrea está estrechamente relacionada con la tasa de mortalidad infantil (TMI) de los países, de la cual son un factor determinante de mucho peso. Por ejemplo, en los dos países de las Américas con las tasas de mortalidad infantil más bajas, Canadá y Estados Unidos, estas enfermedades en su conjunto causan 5% o menos de la mortalidad. Sin embargo, en los países con tasas de mortalidad infantil de más de 40 por 1.000 nacidos vivos, las IRA y la diarrea causan más de 30% de la mortalidad de los niños menores de 1 año de edad y más de 45% de los niños de 1 a 4 años de edad. En los países que se encuentran entre los dos extremos mencionados anteriormente, se da una situación intermedia que señala las diferencias que existen aún entre los países en desarrollo. En aquellos con tasas de mortalidad infantil entre 20 y 40 por 1.000 nacidos vivos, estas enfermedades representan entre 20% y 40% de la mortalidad de los niños de 1 a 4 años de edad, y menos de 30% de la de los menores de 1 año. No obstante, entre los países en desarrollo con tasas de mortalidad infantil entre 10 y 20 por 1.000 nacidos vivos, las IRA y la diarrea causan menos de 20% de las muertes, tanto de los menores de 1 año de edad como de los niños de 1 a 4 años. La mortalidad descrita está afectada por el subregistro, el cual es más alto en los países donde las tasas de mortalidad infantil son a su vez mayores. Por ejemplo, mientras el número de muertes registradas y estimadas debidas a diarrea y a neumonía e infuenza es similar en los países con tasas de mortalidad infantil inferior a 20 por 1.000 nacidos vivos, en los países cuya TMI es de más de 40 por 1.000, el número de muertes estimadas es de más del doble del número de muertes informadas. En los países con TMI entre 20 y 40 por 1.000 nacidos vivos la diferencia entre el número de muertes registradas y estimadas es mucho menor que en el primer grupo, a pesar de lo cual se calcula que la mortalidad registrada es de menos de 50% que la estimada (Figura 1).
El hecho de que las IRA y la diarrea causen una proporción menor de la mortalidad en algunos países en desarrollo muestra, por un lado, que es posible llevar a cabo acciones para reducir las defunciones por esas causas. Por otra parte, también señala el impacto que la reducción de esas afecciones puede tener en la mortalidad infantil. Ambos aspectos refuerzan la necesidad de apoyar acciones eficaces de control de estos problemas como manera de contribuir a una rápida reducción de la mortalidad infantil en las Américas. Estas acciones, a su vez, podrán contribuir a mejorar la equidad relacionada con las condiciones de salud de los niños. El peso de algunas enfermedades prevalentes de la infancia en la morbilidad de los niños menores de 5 años de edad Distintas encuestas realizadas en países en desarrollo (3-9) ponen de manifiesto la frecuencia con que las IRA y la diarrea, las dos principales causas de mortalidad por estas enfermedades prevalentes de la infancia en los niños menores de 5 años de edad, afectan la salud. Entre 17% y 24% de las familias visitadas informaron haber tenido niños menores de 5 años de edad afectados por tos y respiración agitado en las dos semanas anteriores a la encuesta. Asimismo, entre 8% y 30% informaron haber tenido niños que habían padecido diarrea en algún momento durante ese periodo (Figura 2). Las IRA y la diarrea, además de ser las dos causas más frecuentes de enfermedad durante la niñez en la mayoría de los países en desarrollo, contribuyen al deterioro de su estado nutricional, como consecuencia de las dificultades que presenta la alimentación del niño enfermo para las familias. Así se constituye un ciclo que aumenta los factores de riesgo de agravamiento y de mortalidad del niño afectado (10).
Otra forma de analizar la importancia de las IRA y la diarrea como causas de enfermedad en los niños es por medio de la proporción de consultas que esos trastornos representan del total de visitas pediátricas a los servicios de salud. En el Perú, por ejemplo, las consultas por IRA y por diarrea representan aproximadamente 90% del total de la atención en los servicios de salud (Figura 3).
Si bien esta proporción es menor en otros países, ambas causas constituyen aproximadamente la mitad de las consultas de niños de esta edad en los servicios de salud. Las IRA y la diarrea también causan un número significativo de hospitalizaciones. Por ejemplo, en el Ecuador, esas enfermedades representan entre 50% y 60% del total de hospitalizaciones de niños menores de 5 años de edad. Otra manera de ver la importancia de las enfermedades infecciosas como causa de morbilidad en la población es por medio de la carga de enfermedad que ellas representan para la población (11), expresada en años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) (Figura 4). Las infecciones respiratorias agudas y la diarrea son las dos enfermedades infecciosas que ocasionan mayor número de años de vida ajustados por discapacidad, seguidas por el sida, que ocupa el tercer lugar.
Acceso a la atención Las IRA y la diarrea ocasionan una gran proporción de la consulta ambulatoria y de las hospitalizaciones entre los niños, lo que pone de manifiesto la importancia de brindar acceso adecuado a la atención para prevenir episodios más graves y la muerte de muchos niños. En los países en desarrollo de la Región de las Américas, las condiciones de acceso a la atención de salud de la población varían, y hay sectores que no disponen de servicios ni personal de salud a una distancia razonable de sus hogares. Además, y aún cuando se dispone de la atención, muchos servicios y personal de salud no tienen la capacidad de dar respuesta a las necesidades de diagnóstico y tratamiento de los casos que atienden. El acceso a la atención de la salud del niño y las características de los servicios definen en gran medida el desenlace final de los episodios de IRA y diarrea, ya que determinan las posibilidades del paciente de recibir el tratamiento oportuno y adecuado según la enfermedad que lo afecta. Se calcula que en la Región de las Américas aproximadamente un tercio de la población no tiene acceso a servicios de salud, lo que dificulta la atención, tanto en relación con la aplicación de medicas preventivas como con la atención precoz de enfermedades y problemas de salud. La falta de acceso a los servicios impide que muchos niños reciban atención del personal de salud cuando la necesitan a raíz de un episodio de enfermedad. Estas dificultades guardan relación directa con una mayor morbilidad grave y mortalidad por causas evitables; ambas se observan en los países en desarrollo con mayor frecuencia cuando se comparan con las cifras correspondientes a países desarrollados. Tales diferencias surgen en las comparaciones entre las distintas regiones de un mismo país, ya sea en desarrollo o industrializado. Las muertes domiciliarias pueden considerarse el hecho de mayor gravedad y se deben a un conjunto de circunstancias entre las que intervienen factores relacionados con la familia que cuida al niño y con las posibilidades que ofrecen a esa familia para buscar atención a la enfermedad. Ambos aspectos deben considerarse en forma conjunta, ya que la alarma que lleva a buscar atención fuera del hogar está determinada por las dificultades que la familia debe enfrentar durante la búsqueda de atención. Cuando no hay servicios ni personal de salud cercanos al hogar, la familia demorará la búsqueda de atención. Procederá del mismo modo si el horario de atención es restringido, las esperas en el servicio son largas, hay antecedentes de falta de medicamentos o malos resultados de consultas anteriores o si existen barreras económicas, culturales o de trato al paciente. La magnitud de la mortalidad domiciliaria se ha estudiado en diversos países. Se ha observado que la búsqueda de atención no solo se ve afectada por la distancia entre la vivienda y los servicios o el personal de salud, sino también por dificultades en el acceso oportuno y apropiado a la atención cuando la familia la necesita. En una zona urbana de Argentina, las mujeres domiciliarias representaron 32% del total de defunciones de niños menores de 5 años de edad, y en un área urbana de Fortaleza, Brasil, la proporción fue de casi 50%. En ambos estudios, la diarrea y las infecciones respiratorias agudas fueron las causas más frecuentes de la defunción en el hogar, según se determinó por los signos y síntomas descritos por la familia (Figura 5). Muchas de estas muertes se podrían haber evitado si los niños hubieran tenido acceso al tratamiento en forma oportuna. En algunas encuestas realizadas en la comunidad (3-9) se evaluó la actitud de los padres y familiares respecto de la búsqueda de atención fuera del hogar par los niños afectados por IRA. En general, menos de la mitad de los niños estudiados que presentaron episodios de tos o dificultad para respirar en las dos semanas previas a la encuesta fueron llevados por sus padres a un servicio de salud para su evaluación y tratamiento (Figura 6). Esta proporción fue muy baja en algunos países. Por ejemplo, en Haití, solo entre 16% y 34% de los niños con tos o dificultad para respirar fueron llevados a un servicio de salud en busca de atención.
El no buscar atención fuera del hogar no es necesariamente una mala decisión por parte de la familia, especialmente porque la gran mayoría de los episodios de tos en un niño menor de 5 años de edad evoluciona favorablemente al cabo de pocos días, con solo tratamiento sintomático administrado en el hogar. Sin embargo, algunos casos de IRA, especialmente aquellos que se acompañan de dificultada para respirar, pueden ser causados por neumonía y requerir tratamiento oportuno por parte del personal de salud; de lo contrario, la gravedad y mortalidad son mayores. Uso de antibióticos para el tratamiento de las enfermedades de la infancia en los servicios de salud y la comunidad Muchos niños que podrían beneficiarse del tratamiento con antibióticos no reciben este tipo de medicamento por limitaciones en el acceso; la mayoría de los casos de IRA que llegan a la consulta en los servicios de salud reciben el tratamiento con antibióticos, aun cuando estos medicamentos no se requieran para la evolución favorable del episodio o su curación. De todos los niños que consultan por IRA, entre 40% y 60% reciben habitualmente antibióticos como tratamiento, proporción que llega a más de 70% en muchos servicios de salud. Solo una mínima proporción de estos antibióticos se utiliza para el tratamiento de neumonía y otitis de los niños menores de 5 años de edad, que son las dos causas de IRA que con mayor frecuencia requieren antibióticos, teniendo en cuenta que la faringitis estreptocócica es poco frecuente antes de los 4 años de edad. De este modo, los antibióticos que se utilizan diariamente en los servicios de salud para el tratamiento de las IRA en su mayoría no son necesarios para detener la evolución de la enfermedad, ni ayudan a prevenir el agravamiento. El Cuadro 1, presenta la magnitud de la inversión innecesaria de antibióticos para el tratamiento de episodios de IRA entre los niños en los Estados Unidos de América en 1996: aproximadamente 60% de todos los antibióticos utilizados para tratar estas afecciones, o casi 50 millones de prescripciones, se consideran innecesarios para lograr una buena evolución del cuadro de enfermedad. El uso innecesario de antibióticos no tiene como única repercusión el costo final de la atención. Teniendo en cuenta que ningún medicamento es totalmente inocuo, la administración innecesaria de estos antibióticos a los menores de 5 años de edad, a menudo repentinamente, expone a los niños a los efectos adversos potenciales de estos medicamentos y contribuye a la generación de resistencia bacteriana. Asimismo, y en particular en los países en desarrollo, la indicación de antibióticos en forma innecesaria genera escasez de medicamentos para el tratamiento de los casos que sí lo necesitan y pone en riesgo de mayor gravedad y muerte a la población infantil. La magnitud de la prescripción innecesaria de antibióticos se acompaña de la falta de adhesión, por parte de los padres del paciente, al tratamiento indicado. Esta situación se presenta tanto entre los casos en que se justifica el medicamento como en aquellos en los que este no producirá ningún beneficio al paciente. Los estudios de eficiencia de los servicios de salud realizados en América Latina han mostrado que solo una de cada cuatro personas que consulta los servicios de salud ha comprendido, con limitaciones, las indicaciones del personal de salud sobre el tratamiento. Es más, solo 8% de los niños recibieron adecuadamente en el hogar el tratamiento indicado. En el resto de los casos, es decir 92%, el tratamiento se dio incorrectamente, ya sea por problemas de posología o disolución, duración menor que la indicada o cantidad de antibiótico (12). Todos estos factores señalan que, aún cuando los niños tengan acceso a un servicio de salud y el personal indique el tratamiento necesario y adecuado para la enfermedad, el medicamento se administra correctamente a menos de 10% de los casos.
El hecho de que los padres no cumplan todas las indicaciones del tratamiento del niño surge, en parte, del uso frecuente de antibióticos sin la debida explicación y educación respecto de la importancia del empleo responsable de estos fármacos. La administración incorrecta de antibióticos favorece la resistencia bacteriana, ya que muchas veces los medicamentos se administran al niño en dosis bajas, que generan la selección de cepas resistentes. Por otra parte, en los casos en que el antibiótico constituye la intervención esencial para la remisión de la enfermedad, el incumplimiento de las indicaciones de tratamiento en cuanto a dosis, duración o intervalo entre dosis puede contribuir a la mayor duración o gravedad del episodio. Lo anterior se refiere exclusivamente a los tratamientos administrados en los servicios de salud. No obstante, muchos casos son tratados con antibióticos por propia decisión de los padres, sin indicación del personal de salud. En este sentido, la automedicación es un factor adicional que contribuye al uso innecesario e inadecuado de los antibióticos. Debido a su frecuencia elevada y por constituir el tratamiento habitual que los servicios de salud brindan para este tipo de enfermedad, las IRA son la causa principal de administración de antibióticos a los niños menores de 5 años de edad, por decisión de los padres. Un estudio sobre las solicitudes de antibióticos de las familias a las farmacias mostró que más de 90% de los casos estos medicamentos se piden para tratar infecciones respiratorias agudas y en menos de 10%, para el tratamiento de otro tipo de enfermedad (Figura 7). En ese mismo estudio se observó que dos de cada tres solicitudes de antibióticos correspondían a amoxicilina, ampicilina o cotrimoxazol; el tercio restante incluía diversos antibióticos, incluso cefalosporinas, eritromicina, aminoglucósidos y cloranfenicol.
Los criterios de los padres para solicitar antibióticos a las farmacias tienen como base recomendaciones previamente emitidas por un servicio de salud o la información que reciben de otras personas que tuvieron experiencias anteriores "similares" de episodios de una IRA infantil. Por esta razón, la racionalidad en el uso de antibióticos en los servicios de salud es esencial, no solo para disminuir su administración innecesaria por parte del personal de salud, sino para inculcar a la comunidad una actitud más responsable respecto a la automedicación indiscriminada de este tipo de fármaco. Cuando los antibióticos se utilizan sin indicación del personal de salud, puede ser aún más frecuente su administración incorrecta en cuanto a dosis, intervalos entre dosis y duración del tratamiento, especialmente debido a que la mayor parte de los sitios de expendio de medicamentos no están a cargo de profesionales de salud. En ocasiones, también se observa que las presentaciones disponibles de los antibióticos no alcanzan para completar un tratamiento, lo que impide de antemano que el niño reciba la dosis necesaria para su curación. Asimismo, en algunos sitios de expendio de medicamentos se fraccionan los antibióticos para poder vender la cantidad de comprimidos necesarios para 1 o 2 días, aun cuando la indicación correcta sea de 7 a 10 días. Hay varias razones que justifican la necesidad de profundizar las acciones que se están llevando a cabo en los países en desarrollo con el fin de brindar acceso universal a medidas de prevención y control apropiadas tanto en el servicio de salud como en el hogar. Entre ellas se encuentran la mortalidad alta por causas evitables que aún persiste entre los niños menores de 5 años de edad y la influencia del acceso al tratamiento precoz y adecuado con antibióticos en la prevención de la mortalidad y en la reducción de la gravedad de los episodios de enfermedad. Si a lo anterior se suma la utilización abusiva e incorrecta de los antibióticos para el tratamiento de enfermedades de niños menores de 5 años de edad y se contribuye así a la generación de resistencia bacteriana, se vuelve necesario incluir en las intervenciones un fuerte componente de mejoramiento de la calidad de la atención. Como resultado, debería reducirse la prescripción y utilización inadecuada de antibióticos y hacerse hincapié en la vigilancia de la resistencia de las bacterias a los antibióticos en uso, de modo que garanticen la eficacia de los tratamientos utilizados. Mejoramiento del uso de los antibióticos para prevenir la mortalidad El mayor acceso de la población a la atención de las enfermedades y los problemas de salud de los niños y la utilización de criterios estandarizados para evaluar, clasificar y tratar las enfermedades durante la niñez son las dos líneas de acción más eficaces para reducir la mortalidad y morbilidad grave en la infancia. Ambas contribuirían también a mejorar la calidad de atención y a disminuir el uso excesivo e innecesario de antibióticos en los servicios de salud y en la comunidad. El fortalecimiento de la vigilancia de la eficacia de los antibióticos en el tratamiento de las enfermedades que con mayor frecuencia afectan a los niños y que requieren este tipo de fármacos para su curación, es también fundamental para garantizar que las intervenciones propuestas contribuyan a reducir la morbilidad grave y la mortalidad. Acceso a una atención de la salud del niño adecuada en las Américas Desde fines del decenio de 1980, la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) ha dado apoyo para elaborar y poner en práctica intervenciones como las descritas anteriormente. Ellas se han plasmado en las estrategias de manejo estándar de casos de diarrea3 y de IRA4, que permitieron incrementar el acceso de la población a personal y servicios de salud capacitados para evaluar, clasificar y tratar adecuadamente estas enfermedades infantiles (13). Debido a la importancia del uso excesivo de los antibióticos en el manejo cotidiano de las IRA en los servicios de salud y en el hogar, los beneficios de la aplicación de estas estrategias van más allá de reducir la mortalidad y morbilidad por esas causas (morbilidad grave en el caso de las IRA), puesto que contribuyen a disminuir el uso inadecuado de estos medicamentos. De este modo, la adopción de estas intervenciones y su aplicación en los servicios de salud del primer nivel en los países han contribuido a brindar a un número cada vez mayor de niños acceso a una atención de calidad adecuada para las enfermedades que con mayor frecuencia afectan su salud (14). En años recientes, la OPS/OMS y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) analizaron estas y otras estrategias relacionadas con el control de enfermedades y problemas de salud de la infancia, y elaboraron una nueva intervención que tiene por fin abordar la atención de los niños en los servicios de salud y en el hogar y mejorar la eficiencia de la atención. La estrategia de Atención Integrada a las Enfermedades Prevalentes de la Infancia (AIEPI) es el producto de esa tarea conjunta, y se presenta como la única intervención que, aplicada a la atención de los niños que consultan a los servicios de salud, permite evaluar completamente la salud del niño, identificar las enfermedades y los problemas de salud más frecuentes y darle tratamiento completo al niño. La atención contempla además la aplicación sistemática de medidas de prevención y promoción de la salud que contribuyen a mejorar el cuidado y la atención del niño tanto en el hogar como en la comunidad (15). La estrategia AIEPI integra a todas las acciones de control y combate las principales causas de defunción de los niños por medio de la prevención y del tratamiento. Asimismo, contribuye a mejorar las habilidades del personal de salud y el funcionamiento de los sistemas de salud y las prácticas de la familia y la comunidad respecto a la atención del niño (16, 17). Su aplicación puede producir un gran impacto en la mortalidad de la infancia, la morbilidad y la gravedad de los episodios de enfermedad que afectan a los niños. También repercutirá en la calidad de la atención, cuidado y tratamiento que el niño recibe, tanto en los servicios de salud como en el hogar (Recuadro 1).
En octubre de 1998 como resultado de los esfuerzos realizados por los países para aplicar la estrategia AIEPI se había capacitado a casi 5.000 personas para realizar adecuadamente la evaluación, clasificación y tratamiento de los niños en 600 servicios de salud del primer nivel de atención. Todo este esfuerzo, que se multiplicará en los próximos años, está destinado a incrementar el porcentaje de reducción anual de la mortalidad, tanto entre los niños menores de 1 año de edad como entre los de 1 a 4 años. Se propone con ello alcanzar las metas de la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia fijadas para el año 2000 y proyectar el descenso de la mortalidad infantil más allá de ese año para disminuir en un total de 100.000 en número de muertes de niños menores de 1 año de edad entre 1999 y el año 2002 (18). Estudio multicéntrico de resistencia del neumococo a los antibióticos En los últimos años, la OPS/OMS también coordinó un sistema conjunto con los países de América Latina y el Caribe para la vigilancia del neumococo. El propósito del sistema es identificar la prevalencia de los distintos serotipos que afectan a la población de los distintos países (19) y evaluar la resistencia bacteriana a los antibióticos, para incrementar el conocimiento sobre este problema en la Región, ya que la mayor parte de la información que existe actualmente proviene de países desarrollados. El estudio multicéntrico de resistencia del neumococo a los antibióticos, incluye varios países de la Región de las Américas que están proporcionando información sobre los serotipos del microorganismo causante de enfermedad. Potencialmente esta información podría servir para elaborar una vacuna. También se obtienen datos sobre el perfil de sensibilidad del neumococo para evaluar la resistencia del microorganismo en la Región (20). A partir de los resultados de este estudio se ha podido obtener información actualizada sobre la resistencia de Streptococcus pneumoniae a los antibióticos ß-lactámicos: 24% en conjunto para todos los aislamientos realizados en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, con variaciones entre los países (21-24). Si bien estas cifras no pueden extrapolarse al total de los casos de neumonía causada por S. Pneumoniae, en virtud de que las muestras fueron obtenidas de casos en su mayoría detectados en hospitales, sí brindan información sobre la circulación de cepas resistentes a los antibióticos de primera elección que se recomiendan para el tratamiento de la neumonía en el primer nivel de atención con base en la estrategia AIEPI. La ampliación de estos estudios permitirá disponer de un mayor número de datos respecto a la sensibilidad de las bacterias a los diferentes antimicrobianos en uso para el tratamiento de la neumonía, así como de otras enfermedades invasivas, tales como septicemia o meningitis. Esta información permitirá adecuar en forma contínua las recomendaciones de tratamiento contenidas en la estrategia propuesta para reducir la mortalidad y la morbilidad grave en los niños y mejorar la calidad de su atención, tanto en los servicios de salud como en el hogar. La vigilancia de la resistencia bacteriana a los antibióticos también permitirá resaltar la necesidad de mejorar los criterios para la utilización de los antibióticos, tanto en los servicios de salud como en la comunidad, con el fin de reducir las repercusiones del uso incorrecto y excesivo de estos fármacos en la generación de resistencia bacteriana.
REFERENCIAS
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